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5 ene. 2011

Historia movida IV: Gladiadores





El origen de las luchas de gladiadores hay que buscarlo probablemente en la antigua costumbre del sacrificio humano, generalmente de prisioneros, que se hacía sobre la tumba de personajes importantes, héroes o caudillos militares para aplacar con sangre a los espíritus de los muertos. Esta práctica se fundamenteaba en la creencia de que la sangre vertida podía devolver la vida al difunto.


El primer espectáculo con gladiadores en Roma data del 264 a.C. con motivo del funeral de Junio Bruto Pera, en el que lucharon tres parejas de esclavos. No obstante, se han hallado pruebas de que dicha costumbre antecede a Roma y se trata, como uno de los muchos ritos ajenos a su cultura y que fueron adaptando a la suya, de una costumbre etrusca.


Los romanos llamaron a estos combates munus (deber y obsequio, en latín, dependiendo de su sentido) y desde entonces comenzaron a difundirse durante la época de la República, convirtiéndose en un instrumento muy útil en manos de magistrados y políticos que los usaban para ganarse a la plebe. Posteriormente, durante la época imperial, los emperadores se proclamaron patrocinadores de los todos los munus, haciendo posible que el público pudiera ver en primera persona a su emperador que era, como ellos un espectador más, y ante él podían manifestar sus deseos, frustraciones, protestar contra alguien, sacarse la chorra, etc.


El origen de estos luchadores variaba pues iba desde prisioneros de guerra, desertores (como Espartaco, que pertenecía a las tropas auxiliares y de vanguardia tracias), esclavos cuyo fin era entrenarse en los ludus o escuelas de gladiadores, hombres libres que se dedicaban voluntariamente a este oficio difamante o , simplemente, condenados a muerte cuya ejecución se conmutaba por la arena. En definitiva, todos tenían algo que ganar entre tanto que podían perder, ya fuera miembros o la propia vida. 


Se trataba pues, de un estilo de vida en el caso de algunos, pues se obtenía tanto prestigio (si lo perdiste en la batalla) y riquezas, o bien, como un mal menor para otros, pues los esclavos podían aspirar en convertirse en libertos u hombres libres y los condenados...aplazaban su condena. Aún así, todos eran iguales en manos del lanista, aquel que era propietario del ludus, y en manos del doctore o entrenador de gladiadores. Se les hacía conscientes a lo largo de su entrenamiento que entrarían a la arena a morir con honor así que ya fuera por ofrecer un buen espectáculo o por obligación, se encargaban de ofrecer un buen y digno espectáculo.


Al llegar a la escuela se les asignaba una especialidad, estando bien alimentados y disponiendo de cuidados médicos a los que la mayor parte de la población no podía acceder. Las condiciones de vida podían ser duras, no obstante, no siempre eran tratados como prisioneros o estaban confinados en sus barracones. De hecho, en la víspera del combate se les ofrecía a los gladiadores que iban a luchar en la arena un gran banquete llamado cena libera, con manjares exquisitamente seleccionados y costeados por el organizador del munus.


Entre las especialidades más conocidas se encontraban:


*El mirmo, murmillo o mirmillón (quizás la más conocida), gladiador que solía ser normalmente galo y que portaba un caso que representaba ese pez marino, un largo escudo rectangular y espada corta, brazo izquierdo protegido por placas de cuero o metal (al estilo, que se cree, que vestían los antiguos guerreros galos).




*Los samnitas, llamados así por el origen de su vestimenta, que se remonta a uno de los pueblos de la península itálica y que portaban  casco con visera (galea) y una gran cresta, que podía ir decorado con plumas, un gran escudo oblongo (scutum), greba metálica (ocrea) en la pierna izquierda y una espada corta (gladius).



*Los reciarios, cubiertos apenas por un taparrabo o faldón romano además de una manga metálica en el brazo izquierdo, portaban red, puñal y tridente.




*Los secutores, una renovación del samnita, casco con visera, espada corta y escudo.



*Los hoplomachus portaban tiras de cuero en muchas partes del cuerpo (tobillos, muñecas, rodillas) y una especia de “slip” para proteger de la visión sus partes más íntimas. Luchaban con grandes escudos, casco con visera y cimeras, amén de lanza. Probablemente el mejor protegido de los gladiadores.






Los tracios, debían su nombre a sus espadas curvas (sicas) y sus escudos cuadrados (parmulas). Portaban tridente o espada corta y escudo cuadrado pero no casco (en la ilustración embellecen la figura con el casco, sin embargo). Sus piernas estaban protegidas.




Mientras tanto, las luchas se anunciaban en las paredes de las casas, los edificios públicos y los sepulcros que se levantaban en las entradas de las ciudades. Por su parte el programa diario del anfiteatro consistía en las venationes o cacerías de animales por la mañana, seguidas de la ejecución de criminales al mediodía y, por último, las luchas de gladiadores por la tarde, que podían darse a razón de unos veinte o veinticinco combates.


Imaginaos por un momento que os encontráis en el Coliseo romano, atendiendo los espectáculos de la mañana con las cacerías de bestias que reflejaban el poder de una civilización romana y su dominio sobre el mundo salvaje (no creeréis que es fácil transportar leones, elefantes y demás mierda hasta el corazón del Imperio, ¿verdad?); que llegue el mediodía y asistáis al ajusticiamiento de criminales, que todo el mundo pudiese ser testigo de lo que le aguardaba a aquel que se oponía al poder de Roma; y ya a la tarde, que podáis contemplar como dos hombres luchan a muerte por honor, libertad, riquezas o lo que fuera, dando viva imagen del poder de la vida sobre la muerte, de ver ejemplos de supervivencia tan al alcance de la mano.


Simplemente brutal.